UNA REFLEXIÓN ACERCA DEL MARKETING, COACHING Y CONSULTORÍA

Quisiera aprovechar ésta primera entrada inaugural del blog para compartir ciertos aspectos de por qué estoy aquí haciendo lo que hago y como llegué a esto.

No voy a reiterarme en mis antecedentes profesionales; si has llegado hasta el blog probablemente ya lo hayas leído en la página que habla acerca de quién soy. Prefiero contarte la historia, las motivaciones y quizá aclarar alguna duda que puedas tener. Por supuesto que, para lo que haga falta, puedes dejar tu comentario aquí mismo o ponerte en contacto conmigo por privado.

Alrededor de mediados de los años ’90, como buen profesional de las Comunicaciones de Marketing que se precie, comienzo a descubrir y fascinarme por el mundo online. Todo era muy primitivo y lo hacíamos a pulso. Como siempre digo, era la época en que nos conectábamos por línea telefónica con módems de 56 kbps. Si lo viviste, lo recordarás y si no, imagina lo que era. Fue un momento apasionante, un mundo increíble que se abría y que ni imaginábamos hasta donde podría dar de sí. Dos décadas después, sería interminable enumerar la evolución y las cosas que sucedieron. Para eso, si estás interesado te recomiendo un vistazo a Wikipedia o simplemente googlear lo que te interese. O también un día podemos charlarlo.

Pero a lo que íbamos. Las primeras Mac’s, Windows’95, Netscape, jugar con códigos html, foros de discusión. Y mucho que leer, mucho que investigar, mucho que aprender. El mundo anglosajón nos llevaba mucha ventaja. Por esa época abro algunos blogs sobre publicidad, sobre marketing directo (“la” moda del momento a caballo del One-to-One que introduce lo online), sobre temas que me interesaban, diseñando yo mismo mis primitivas páginas com html, el reolucionario Dreamweaver y los inefables WYSIWYG’s. Y participo en muchos foros de discusión sobre marketing, internet, publicidad y demás temas que me atraían y que hoy todavía me atraen.

De pronto, un día, de forma inesperada (obviamente como resultado de algún proceso lógico) caigo en la cuenta de que todos los foros, principalmente los profesionales, eran en inglés. Y efectivamente, después de mucho investigar, en español, nada de nada. Y decidí que a ello había que darle una solución o al menos intentarlo. Y puse en marcha lo que fue mi primer emprendimiento serio online, “Marketing Total, La Lista de Discusión”. Fue un trabajo muy intenso, de descubrir e inventar a la vez. Hosteada en USA, la editaba tres veces por semana. Los participantes, a través de email, proponían temas de todo tipo: publicidad, comunicación en general, marketing puro y duro, temas específicos de uso de internet en las comunicaciones, cuestiones sociales con internet como núcleo, cosas de índole práctica, netiquette, de todo. Ello me llegaba a mí a través de una interfaz, yo lo editaba, se armaban threads y los resultados fueron muy gratificantes. Cuando unos años después la discontinué por razones de otras ocupaciones que ya no me dejaban otorgarle el tiempo que se merecía, contaba con más de 50.000 suscriptores 100% opt-in de todo el planeta, no solo de lengua hispana.

Durante todo ese tiempo y no solo por mis temas relacionados con Internet sino porque estaba pasando una reconversión o un cambio en la forma y manera de encarar mi profesión, fui consciente de que necesitaba ayuda. Pero no una ayuda desde un punto de vista práctico, sino más una guía, un norte, una forma de encarar los procesos lógicos y combinarlos con lo que la emoción me sugería. Y ahí, una vez vez más, recurrí a nuestros amigos del norte, de USA, en la forma de una coach ya que el coaching, como tal, no existía ni embrionariamente en el mercado hispano. Y fue una acertada decisión. Me permitió ordenar mis procesos organizativos, tener en claro como evolucionar un tema hasta llegar a una decisión válida, a aprender a equivocarme de mis errores y transformarlos en aciertos. Y, básicamente, a que no lo hagan por mí, sino que me guíen, me apoyen, me cuestionen y lograr tomar decisiones en base a conclusiones a las que, en definitiva, llegaba por mí mismo, pero que nunca hubiese logrado sin esa guía.

Después de un tiempo y habiendo aprendido cual era el proceso, decidí dar el servicio de coaching yo mismo. Tuve varios clientes con los cuales la experiencia fue muy buena. Pero fue un ejercicio coyuntural: mi ocupación principal siempre había sido la comunicación, lo seguía siendo y, en cierta forma continúa siéndolo, aunque desde otra perspectiva.

Con el transcurso de los años el coaching se fue instalando en el mercado hispanoamericano, surgieron escuelas, centros, certificaciones, homologaciones y mucha literatura alrededor del ello.

Voy a ser sincero, aunque más de una persona no coincidirá conmigo y quizá alguien se enfade: no me gusta como está planteado el concepto y servicio de coaching hoy en día. Creo que hay buenos profesionales e instituciones pero mucho palabrerío que, lamentablemente, se acerca de forma peligrosa a la autoayuda, de la cual yo no soy devoto en absoluto, aunque reconozco y respeto que a muchas personas les haya servido y les haga bien.

Luego está todo éste afán de los títulos y certificaciones. Yo me he capacitado, he investigado, he asistido a innumerables encuentros de coaching tanto en América como en Europa. Clientes que tengo y tuve me consultan acerca de si soy o no coach. Mi respuesta es clara: no lo soy bajo el parámetro “convencional” con que habitualmente se desarrolla. Prefiero hacerlo de otra manera que considero más eficaz, cercana y motivadora y llegar a resultados de otra forma. Aunque las problemáticas que abordemos sean similares, especialmente en lo que trata a lo “Personal” y “Profesional”. El área “Empresarial” ya la considero más encuadrada bajo “Consultoría”.

Cómo anécdota al caso, una muestra. Una conversación que tuve hace un tiempo con un coach a quien respeto y me consta que lo hace bien. Hablando de éste tema en concreto, su respuesta fue: es para evitar el intrusismo, por eso el corporativismo”. A lo que respondí que no entendía demasiado esa postura de “coto cerrado”, ya que un coach no es un médico o un ingeniero que necesita demostrar fehacientemente que puede construir un puente o realizar una cirugía sin riesgos. Hace falta estudios y formación, obvio, pero no ese corporativismo feroz. Al repetirme mi interlocutor el argumento del “intrusismo” le conté mi historia y la de mi coach hace casi dos décadas, y que por lo tanto no me quedaba claro quiénes eran los “intrusos”. Y que menos mal, en mis épocas publicitarias, no aplicamos los mismos parámetros… innumerables talentos y éxitos comerciales se hubieran perdido. Obviamente, mi planteamiento no fue demasiado de su agrado.

Así que ya lo sabes, si te interesa una forma innovadora de abordar los temas expuestos, tanto de índole Personal, Profesional o Empresarial, te invito a que te pongas en contacto conmigo.

Un abrazo,

Peter.

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